martes, 8 de enero de 2013

Leyendas Urbanas: De visita al cementerio

!Por fin llego el momento!. Los cinco amigo habían quedado a las doce en las afueras del pueblo. Era la noche elegida, y nada podía fallar. !Por fin se iban a demostrar lo valientes que tantas veces decían ser!

El cielo estaba recubierto por unas oscuras nubes, que de un momento a otros podían ponerse a llover, y los rayos conseguían que el cielo se iluminara a cada instante. Todo el pueblo estaba a oscuras. La central eléctrica había sufrido una avería. Era la situación perfecta. Era una noche terrorífica  propia de un cuento de brujas. Tras abrigarse con varias prendas los amigos iban apareciendo en el sitio acordado. Cada uno trajo el objeto exigido: un martillo y un clavo con una marca personalizada para que fuera distinguido de los demás.
Para demostrar su valentía el reto consistia en que, en la oscuridad de la noche, saltaran la verja del cementerio e incrustar el clavo en una de las sepulturas, que allí dentro había.

-!Venga! !vamos a empezar! ¿Quien se atreve primero?
-!Yo mismo!- Ruben se abrocho bien el abrigo,y se dirigió hacia el cementerio.
Tras un tiempo. Los que esperaban comentaban que su compañero tardaba mucho. Ruben apareció de entre las sombras comentando que había cumplido con la misión. Pablo fue el siguiente,  Juan y Miguel le siguieron. Ya solo queda Alvarito, el más pequeño, del que siempre se cachondeaban, y de vez en cuando llamaban cobarde. Este se lo pensó un buen rato.

-Chicos... esto... yo creo que me vuelvo a casa... !Sí mis padres descubran que me he escapado la voy a liar!
-Sí, claro, !venga, cobarde! -le dijeron los demás.
Alvarito se dio cuenta de que esa noche no le valdrían las excusas. Con lo cual, emprendió su camino hacia el cementerio. El silencio ere brutal. Sólo el resoplar del viento podía romperlo, o los truenos a los lejos. Con bastante esfuerzo consiguió saltar la verja, ya que su pequeña estatura no le ayudaba. Una vez dentro se podía ver en la penumbra las sombras de las tumbas, que se dibujaban grandes y alargadas en el suelo. Alvarito sintió que sus rodillas no le respondían del todo bien, mientras se dirigía hacia una de las tumbas para realizar su misión. Se sentó junto a una de las lapidas, el frió de la tierra le penetró hasta los huesos. Este muy asustado saco el martillo.

La mano temblorosa hizo que se le cayera el clavo al suelo. A oscuras, Alvarito comenzó a pasar la mano sobre el terreno para encontrarlo, pero derrepente pego un gran grito. Creía haberse topado con  un esqueleto humano. El resplandor de un rayo le hizo ver que solo eran las raíces de un árbol sobresaliendo de la tierra. Al siguiente destello, lo localizo. Se sentó nuevamente junto a la tumba. Su nervios le controlaron, ya no era el, su corazón latía a mil por hora. Volvió a intentarlo..

-¿No esta tardando mucho? -Comento Ruben-. !No teníamos que haber forzado a Alvarito! Hubiese sido mejor que no hiciese la prueba ya sabéis lo cobarde que es.
-Pues no sera tan cobarde si ha saltado la verja y ha entrado al cementerio -Contesto Juan defendiendo al enano-
Ante la gran tardanza, el grupo decidió ir en búsqueda de Alvarito. Se adentraron  en el cementerio y, con una vela, buscaron entre las lapidas. Quedaron aterrorizados al encontrarlo tendido sobre una de las tumbas con un trozo de abrigo clavado a la piedra de la sepultura. La expresión de su cara no dejaba tenia un horror profundo y sin duda reflejaba que había sufrido una muerte angustiosa.

Al día siguiente, el forense confirmó que la muerte del chico se produjo por los efectos letales de un paro cardíaco, después de una fuerte crisis de pánico y ansiedad. Seguramente Alvarito pensó que algún muerto agarro su abrigo para llevárselo con el al mas allá, como pago por su gamberrada. En el caso de que fuera así, desde luego que lo había conseguido.

Esta leyenda se popularizo en 1940 en Estados Unidos, cuando gran numero de periódicos mostraban la infinidad de gamberradas que grupos de adolescentes cometían en los cementerios.

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